Y si vamos un poco más allá…
Es claro que el Biomagnetismo Médico, o Par Biomagnético, tiene efectos beneficiosos para el cuerpo físico. Pero, ¿y el no físico?
Existe ya suficiente evidencia que demuestra que nuestro cuerpo físico, nuestro organismo, tal cual lo vemos, no existe, ni funciona, ni enferma ni sana de manera aislada. Somos lo que somos, indivisibles, y lo que somos también incluye aquello que no se ve.
El Par Biomagnético es una terapia joven. Su descubridor o creador no dejó de investigarla, conocerla, expandirla. Ahora que él ya no está, somos muchos los que nos sentimos llamados a seguir profundizando y descubriendo qué más encierra, cada uno a su forma y en base a su paradigma.
Para mí, las simbiosis patógenas tienen representación y manifestación en el campo más sutil, cuántico. Esta manifestación es lo que algunos llaman emociones, que yo entiendo como el reflejo de la no integración completa del alma. Ésta se encuentra oscurecida por lo que hemos convenido en llamar sombra, o ego. Es decir, somos duales, aunque nuestra verdadera naturaleza es completa, única, cohesiva, y de ahí, coherente.
Los desequilibrios se producen por esta ausencia de coherencia = entropía. Y como todo es dual, es además una invitación para mirar hacia dentro, borrar un poquito de sombra e iluminar un cachito de alma.
Es por ello que en ocasiones, los Pares que tratamos se reactivan u otros nuevos se activan, porque el complemento a lo físico en al campo cuántico ha quedado desatendido.
Esta es un área que trabajo con aquellas personas que estén abiertas a ir un poquito más allá, que no tengan miedo a destapar su alma y descubrir una forma de existir tan distinta, tan libre.
